o del extraño efecto de la embriaguez como terapia
Su mirada estaba fija, como si en su último aliento la impresión frente a lo que observaba le hubiera desfigurado el rostro, sólo por un instante lo miré, ¡¡fue extraño!! Parecía haber perdido la luz en sus ojos, sin expresión alguna en ellos, era tan real que no podía ser un sueño. No sé por qué extraña razón algo me impedía mirarlo, sé que trascurrieron largos minutos en esa situación de indefinición de mi mirada, como una larga sucesión de imágenes, todo parecía tan fugaz, ruidos como encapsulados sonaban de fondo. Todas las cosas eran tan lejanas, incluso mi propio cuerpo parecía tener una curiosa extensión, jamás me vi la cara, sólo percibía mi cuerpo. Esa era la descripción que Ariel realizaba de un sueño en función de una interpretación libre que trataba de realizar de la célula, una película onírica que burdamente le servía de referente… a mí mas bien me evocabada el aro…habíamos bebido varias cervezas, la verdad es que pocos lo escuchábamos del grupo, Ariadna, por ejemplo, hacia esfuerzos sobre humanos por seguir los movimientos de Peter que a lo lejos se veía casi al otro extremo del local, uno de esos alumnos eternos de la universidad, que había pasado por varias carreras y que algunos llamaban “el comodín”
Llevábamos varias horas allí, curiosamente nadie quería pasar, de hecho Daniel fue literalmente arrastrado al interior, todos declararon problemas de liquidez, pero luego de la primera cerveza el dinero fluyó a caudales y la conversación inicialmente escueta se transformó en una verdadera vorágine, miles de temas y anécdotas se cruzaban y eran lanzados a la mesa sin tiempo ni espacio, y esa estresante situación a ojos de cualquier observador externo, nos estimuló inconscientemente a quedarnos hasta avanzada la noche.
El ambiente, ya a esa hora, enrarecido por el humo de cigarrillo, la música y la conversación, que reproducía el ruido de un panal de abejas, era el de un pub, bueno precisamente en eso se habían trasformado todos los locales del barrio y de la plaza Perú, recuerdo que antes eran muchos menos, ahora eran una suerte de antesala del carrete, la idea que me abordaba de eso era que para enfrentar la ciudad que se desbordaba un par de cuadras más allá, era necesaria la embriaguez, y para ello estos lugares se transformaban en un extraño lugar de paso, algo así como el peaje una pequeña cuota para el tránsito de un lugar a otro algo .
Siempre tuve la impresión que esa burbuja de la universidad se rompía abruptamente al cruzar chacabuco y de sopetón la imagen de ciudad universitaria se desdoblaba en la cuidad de verdad, estos pub eran como un verdadero cordón comercial, de fantasía, de ensueño que mantenía al menos momentáneamente la evasión, que nos permitía alejarnos de esa realidad de la que no queríamos ser presa y nos permitía un ingreso más suave, menos abrupto, a la dureza del cemento… esa larga diagonal, era el pasillo de la realidad un corredor que de cuadra en cuadra se iba transformando en una especie de línea del tiempo que al estilo de mampato que nos trasportaba a otro lugar. De pronto de nuevo estaba ahí, la reflexión había sido en voz alta, un segundo de silencio visitó nuestra mesa, silencio que fue abruptamente roto por el siempre pertinente expresionismo realista de Samuel, fue su volá la que te pegaste. Su intervención nos devolvió a la mesa cuatro del local y era tal el grado de confusión del ambiente que a duras penas se podía identificar la música que sonaba de fondo, por un momento miré alrededor y en un instante de lucidez me otorgué inconscientemente la posibilidad de abstraerme de esa multitud de estímulos, se bloquearon mis oídos, todo pareció enmudecer, solo veía los rostros y los gestos en una especie de imagen cuadro a cuadro, pareció sólo un pestañeo, pero al abrir los ojos me sentí renovado.
La noche hacía ya rato nos había caído encima y con todo esos grados en el cuerpo se hacía aún más pesada, aún así nos animamos para salir a explorarla…al menos eso queríamos.
Antes de irnos del local Alfonso recordó ese texto del hueo Gómez que hablaba del café en el que estamos y de Concepción, en su momento fue bueno…ahora lo leo de nuevo y seguro lo encuentro una pura hueá…pura literatura ligth...hay que rescribirlo. Ya paren la lata, vamonos de aquí me cansó este ambiente, exclamó Ariadna cansada de ser ignorada por Peter. Nos preparamos para irnos, pero no sin antes realizar ese primitivo ritual de juntar hasta el último peso para pagar la abultada cuenta después de seis horas de sed, una vez fuera e, una vez fuerae sedar la cuentaese primitivo ritual e rescribirlo. amente ennese ambiente nos habuna cuota de sentimentalismos el viento hizo lo suyo y no sólo sembró las dudas en torno a lo viable y factible de nuestras intenciones sino que además nos entregó una cuota de sentimentalismo, variable jamás ausente de este tipo de eventos y por cierto de gran parte de nuestros encuentros. Hacía ya un par de años que el grupo se había alejado de las aulas, más bien de esas aulas y el sentirnos nuevamente en ese ambiente nos había sobre excitado.
Oye, puta que es linda la city de noche, dijo Alfonso, ya recorramos la bohemia fue la idea que del alma exhaló Ariel y como nunca lo secundamos. Era viernes y el carrete en el barrio universitario decaía, había que cambiar de frente, después de un par de minutos de intercambio el destino fue el barrio estación.
El camino, fue una larga fantasía, no exenta de juegos y bromas, las mas locas interpretaciones de eso que Samuel en una genialidad solo atribuible al alcóhol definió como mil ciudades en una, por un largo rato nos movimos de poetas a estetas, de semióticos a paisajistas, la ciudad se hizo discurso… a pasos de nuestro destino tuvimos la primera perdida, Javier ceremoniosamente y en un torbellino de excusas, decidió que era tiempo de su retirada, no sólo por su deplorable estado, sino porque un sentimiento de culpa le hizo recordar su actual condición, ya no estaba sólo, lo que por cierto, todos comprendimos. Lo miramos alejarse y casi con nostalgia avanzamos unos pasos cabizbajos, sin cruzar palabras, sin decirnos nada, de pronto Ariel se dio vuelta y le gritó como un enajenado…¡¡¡maricón!!. Todos nos echamos a reír, agarremoslo dijo Sebastián y casi sin pensarlo corrimos como verdaderas fieras a retenerlo, Javier desconcertado visiblemente asombrado y casi asustado de esta inédita reacción logró subir a una micro que comenzaba su movimiento, la gente nos miraba con una mueca de interrogación desde el interior, le gritamos: ¡¡¡bajate, bájate!!...Javier con una risa nerviosa levantó la mano, tratando desesperadamente de mantenerse firme abrazando el fierro con el otro, ingenuamente creímos nos haría señas, pero sólo atino a levantar el dedo anular de su mano empuñada…en una reacción que fue en una milésima de segundo Ariel grito ¡¡¡cuidado ese weón va curao!!! a lo que Samuel agregó ¡¡¡y es un psicópata!!!. Cuando la micro tomó velocidad nuevamente, al medio de la calle dispersos en un radio de unos cuatro metros, lo vimos alejarse, nos miramos y supimos que era el final, al menos de esa noche. Fue bueno vernos, hay que repetirlo, pero la próxima tenemos que ser puros hombres fue la sentencia final de Daniel, no sin recibir un fuerte empujón de Ariadna, todos echamos a reír, no sé si pueda fue la expresión que recorrió mudamente todos los rostros, dando cuenta de que no era suficiente sólo el voluntarismo, dejemos que el destino sea de nuevo el que nos reúna, secundo la moción compañero, tan aleatorios los weones, yo soy el matemático dijo Sebastián… ya pues, me voy sentenció Ariel, es tarde, nos estamos comunicando, un mailcito y nos ponemos de acuerdo, pero respondan la weá ….¡¡OK!!