miércoles, noviembre 23, 2005

UN MAL SUEÑO

Lo de anoche fue un mal sueño,
y eso que nunca soñaba
a ratos creo incluso sollozaba
sin final ni comienzo
soñé que soñaba, y en el sueño,
me engañaba
soñe que a ratos despertaba
y en el ensueño,
todo cuanto me pasaba
una y otra vez me inquietaba.
Se que fue un mal sueño,
pues el sueño me soñaba.
Se que fue un mal sueño
pues tu imagen se esfumaba.
A momentos quiero despejarme,
y de día sueño no soñarme
con tanta fuerza
como de noche evito despertarme
sin duda
lo de anoche fue un mal sueño
tanto, tanto
que no quiero ni acordarme,
y de ese mal sueño
creo que tengo que olvidarme.

viernes, noviembre 18, 2005

QUE VIDA...NO

sobre el taciturno ajetreo estudiantil del simulacro universitario, a fines de un semestre que no es ni el primero ni el último.



Como nunca, el despertador se hizo notar como una verdadera alarma de incendios. Los párpados somnolientos y caídos, en un verdadero acto de rebeldía y como fuera de servicio, se resistían encarnizadamente a ceder ante el desesperado y vano intento de aquel esforzado estudiante universitario que debía reintegrarse a la vida, después de dos días de carrete, que no respetaron ni siquiera el cansancio acumulado por una semana completa de exámenes, todo parecía fútil.

Después de todo “se es universitario una sola vez en la vida, pero esto fue demasiado” fue la afirmación que emano de sus labios, al ver el campo de batalla en que se había convertido el que creía reconocer como el comedor del departamento que arrendaba.

Casi inconsciente aún se dirigió al baño, una, dos, tres cargas de agua sobre su cara no lograban hacerlo reaccionar, luego de algunos instantes afirmado sobre el lavamanos comenzó a reconocer el rostro que tímidamente asomaba en el espejo, sacudió la cabeza y allí estaba la jaqueca y con ella, esa ilusa promesa casi de antología que siempre es un calmante, un saludo a la ingenuidad, como si alguien lo escuchará, tratando de quedar bien con alguien que a uno no lo conoce, en un momento casi mágico brotan esas palabras con una convicción casi abrumante… nunca más tomo….una carcajada brotó casi de manera espontánea de sus labios, salió del baño, digamos que no renovado pero si dispuesto a enfrentar esa tarea titánica de ordenar aquel caos, casi resignado a perderse el partido del medio día, porque de los amigotes que no habían abandonado el barco durante la noche, él era el más consciente.

Lentamente dio una mirada como tratando de ver que tantos eran los daños, moviendo la cabeza descubrió que cualquier evaluación preliminar era peligrosa. Se encaminó a la pieza, una picazón en el trasero lo llevó a concentrar sus desfallecientes fuerzas y a dirigir su pulso tembloroso hacia aquel descuidado lugar, no alcanzó a dibujarse en su rostro, esa mueca de placer que provoca el desahogo de acabar con esa comezón que abruma con una desesperación que crece a cada instante, cuando en la cama vió moverse un bulto, sigilosamente retrocedió casi asumiendo su error y al llegar al umbral de la habitación lo inundó la certeza de estar en la pieza correcta, la recorrió detenidamente como buscando la evidencia que le confirmara su error, pero al estilo del día menos pensado nada hacia presagiar la gran sorpresa que la condición etílica de la noche anterior le deparaba.

La borrachera pareció darle una tregua, un oasis en el desierto, más bien un espejismo, apropósito de la sed que lo invadía. En un acto que lo hizo, incluso, desconocerse a sí mismo golpeó la puerta entreabierta que hace algunos instantes atrás había casi ignorado, esperando que algo o alguien le concediera el favor de autorizarlo a no sé que…divagó un par de minutos y tímidamente se acercó a ese bulto perturbador que comenzaba a hacerse cada vez más grande, en arrebato de hombría decidido a enfrentar cualquier cosa que se ocultara bajo el cobertor lo cogió decididamente y lo retiro con fuerza gritando ¡!!GERONIMO!! casi al unísono se escuchó un grito propio de la mejor película de horror de Hitcoch que luego de su retumbar en la habitación casi vacía dejo ver los cuerpos blancos y fatigados de Javiera y Fernando que habían tomado por asalto aquel espacio que oportunamente se había desplegado vacío para ellos, luego de carrera estrepitosa en la que nuestro ahora risueño protagonista había manejado el volante de loza, en las casi dos horas que había tomado Alfonso para retornar a la vida y comenzar a reconstruir sus recuerdos a partir del sonido del despertador que en una suerte de sincronía universal sonó para anticipar el flujo incontrolado de sus fluidos corporales más íntimos, en una especie de regurgitar que por cierto en ningún caso volvería a ser ingerido…que vida no.